Preparar mudanzas en Lebrija exige conocer su forma. El núcleo urbano se asienta en las laderas del cerro del Castillo y se alarga de este a oeste, con escarpes que lo frenan por el norte, el sur y el oeste. Eso significa calles en cuesta, giros cerrados en la parte alta y diferencias de nivel que un camión cargado nota.
Con unos 27.700 habitantes, Lebrija combina un casco antiguo de casas de pueblo en torno a la Plaza de España, la calle Corredera y la iglesia de Santa María de la Oliva, con barriadas más modernas como Blas Infante o Virgen del Castillo. Al oeste, junto a la estación de tren, empieza el llano que lleva a las marismas.
Está lejos de nuestra base, eso hay que decirlo claro: desde Alcalá de Guadaíra hay unos 61 km, casi una hora de camino por la AP-4. Por eso en Lebrija trabajamos con fecha y horario cerrados de antemano, y salimos lo bastante temprano para empezar a cargar a primera hora.
Dos situaciones son frecuentes en un pueblo así: lebrijanos que se marchan a Sevilla, Jerez o Cádiz por trabajo o estudios, y familias que cambian de casa dentro del pueblo, muchas veces de una vivienda antigua del centro a otra más cómoda en las afueras.